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Generador de robots.txt
Decide qué puede rastrear cada buscador y, por separado, qué pueden hacer los rastreadores de inteligencia artificial. Son dos decisiones distintas: una afecta a tu posición en Google y la otra a si te citan ChatGPT o Perplexity.
Generador de datos estructurados
JSON-LD listo para pegar antes del cierre de </head>. Marca solo lo que de verdad está en la página: declarar lo que no existe es una infracción de las directrices de Google, no un atajo.
Analizador de etiquetas
Lee lo que sirve de verdad una dirección: título, descripción, canónica, encabezados, imágenes sin texto alternativo y si declara datos estructurados. Usa el mismo motor que nuestro auditor.
Vista previa del resultado en Google
Escribe el título y la descripción y mira dónde corta Google. El límite real es de píxeles, no de caracteres, así que un título con muchas mayúsculas se corta antes que uno del mismo largo en minúsculas.
Constructor de UTM
Añade a una dirección los parámetros que le dicen a tu analítica de dónde viene cada visita. Regla práctica: todo en minúsculas y siempre los mismos nombres, porque «Facebook» y «facebook» se cuentan como dos fuentes distintas.
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Qué resuelve cada una y cuándo la vas a necesitar
El robots.txt es el primer fichero que lee un rastreador y el que más daño hace mal puesto. El error clásico es bloquear una sección para «sacarla de Google»: al bloquearla, Google deja de poder entrar y por tanto no ve que ya no existe, así que la mantiene indexada durante meses. Si quieres retirar direcciones, tienen que ser accesibles y devolver un 410 o llevar un noindex.
Los datos estructurados no suben posiciones por sí solos. Lo que hacen es dejar la información en un formato que un buscador y un asistente de inteligencia artificial pueden leer sin interpretar. Eso importa cada vez más: cuando ChatGPT o el modo de IA de Google resumen un tema, extraen pasajes concretos, y una página que declara con precisión qué es cada dato se cita antes que una que obliga a deducirlo.
El analizador de etiquetas sirve sobre todo para comprobar lo que sirve el servidor, que no siempre es lo que ves en el navegador. Es el caso típico de un sitio hecho con JavaScript: el título que pinta la aplicación en pantalla puede ser distinto del que se entrega en el HTML, y ese segundo es el que lee Google.
La vista previa del resultado se usa antes de publicar, no después. Un título correcto pero aburrido es el error más caro del SEO porque no da la cara: la página sube de posición y el tráfico no se mueve. Escribe el título pensando en qué gana quien entra, no en repetir la palabra clave.
El constructor de UTM es lo que separa «vinieron 300 visitas de redes» de «vinieron 300 visitas del carrusel del martes en Instagram». Sin eso, cualquier decisión sobre dónde invertir es una corazonada.
Lo que estas herramientas no sustituyen
Todas trabajan con lo que se ve desde fuera. Lo que decide cuánto tráfico tiene un sitio está en su Search Console: qué se busca, en qué puesto sales, qué consultas te dan impresiones y ningún clic, y qué páginas tuyas compiten por lo mismo. Si quieres esa parte, el auditor te da el estado de la página y la auditoría con consultores entra ya en tus datos.
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